Me encantaba cuando sonreías, tus ojos derrochaban la ilusión más pura y más infantil que en vida he visto a día de hoy. Fijate si te quería, tus coletas, tus coleteros, tus diademas, tus muñecas y tu colónia de fresa, tú. Tú, que a penas me llegabas a la cintura, tú, una niña traviesa que no entendía de preocupaciones. Ayer encontré una fotografía de hace años, nuestra. Resalta por encima de todo tu tez blanquita y tu vestido rojo de los domingos. De fondo el carrusel, ¿te acuerdas, quizás, del carrusel de la señora Beth? Cada año, para las fiestas del puebo, instalaba la maquinaria en la plaza del reloj y tú corrías hacia él como una loca, adorabas el pequeño caballo de crin celeste. ¿Que me dirias si te contase que ahora no es más que un trozo de plástico sin barniz ni color? Llorarías, seguro, y tal vez después te empeñarías en encender un cirio en su recuerdo. divendres, 9 de gener del 2009
Chiquitita
Me encantaba cuando sonreías, tus ojos derrochaban la ilusión más pura y más infantil que en vida he visto a día de hoy. Fijate si te quería, tus coletas, tus coleteros, tus diademas, tus muñecas y tu colónia de fresa, tú. Tú, que a penas me llegabas a la cintura, tú, una niña traviesa que no entendía de preocupaciones. Ayer encontré una fotografía de hace años, nuestra. Resalta por encima de todo tu tez blanquita y tu vestido rojo de los domingos. De fondo el carrusel, ¿te acuerdas, quizás, del carrusel de la señora Beth? Cada año, para las fiestas del puebo, instalaba la maquinaria en la plaza del reloj y tú corrías hacia él como una loca, adorabas el pequeño caballo de crin celeste. ¿Que me dirias si te contase que ahora no es más que un trozo de plástico sin barniz ni color? Llorarías, seguro, y tal vez después te empeñarías en encender un cirio en su recuerdo.
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